Perdonar, porque tú te lo mereces

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Las rupturas amorosas nos ofrecen una excelente oportunidad para superar a nosotros mismos y aprender a perdonar.

“¡Lo odio! ¡Nunca lo perdonaré! ¡No se lo merece!” –quieres gritar.

¿Y tú? ¿Te lo mereces tú? Te mereces vivir tranquila y feliz o crees que guardar el odio hacia esa persona es más importante que tu propia paz, tu propia salud?

Perdonar no significa dar la razón a la persona que te hizo daño.

Perdonar no significa que ese hombre (o mujer) se lo merece.

Perdonar no significa que has de volver a tener una relación con esa persona, que has de aceptarla de nuevo en tu vida (puedes hacerlo o no, depende de ti misma) – al revés, significa que estás preparada a soltarla, junto con tu pasado que no te deja avanzar.

No has de perdonarlo por su bien – lo has de hacer por el bien de ti misma. Porque, antes de nada, es un acto del amor propio.

Si no perdonas, es que no te amas a ti misma – prefieres castigarte a ti misma, para poder castigar a los demás. Si no perdonas, aceptas  a sufrir, a sentir el rencor y otros sentimientos negativos, aceptas a enfermarte física y mentalmente – únicamente, porque quieres castigar al otro.

Si no perdonas, tus heridas quedan abiertas, no puedes dejar tu pasado detrás y vivir tranquila.

Asimismo, has de perdonarte a ti misma, por no haberte amado antes, por no haber perdonado antes a los que te hicieron daño.

 

“Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta”. (Facundo Cabral)

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