Amar no es necesitar

necesitarNecesitar no es lo mismo que amar. Puedes amar a alguien, pero saber que es tu elección y no tu necesidad. Saber que con él estás feliz, pero sin él también lo puedes ser.

Según la psicóloga Mª. Jesús Álava Reyes, necesitar a alguien y pensar que sin él o ella no podemos vivir, es un error. “La vida no se termina cuando se termina un amor, por mucho que creamos que es el amor de nuestra vida”, dice la especialista. Quiero compartir contigo las ideas de su libro “Amar sin sufrir”.

“Es muy frecuente que algunas personas se sientan “morir”, ante el hecho de haber perdido a la persona amada, o ante la discusión o el disgusto que acaban de experimentar, y que viven con un dolor y con un sufrimiento terrible.

Ese sufrimiento lo justifican como parte consustancial del amor. “Si te enamoras ya sabes lo que te pasa, puedes ser la persona más feliz del mundo, pero también la más desgraciada”- ¡cuántas veces hemos oído algo parecido!, tantas que ya nos lo creemos sin necesidad de cuestionarlo, sin hacerlo pasar por nuestra mente racional.

El amor, como el resto de los sentimientos del ser humano, tiene sus explicaciones y sus misterios; sus puntos de luz y de oscuridad; sus grandezas y sus miserias.

Pero no confundamos deseo con necesidad.

Es lógico que deseemos que nos quieran las personas claves de nuestra vida, pero ello no significa que lo necesitemos para vivir. No pretendo provocar, ¡de verdad!, y entiendo perfectamente que muchas personas vean en mis palabras provocación e irracionalidad; es lógico, porque han asumido premisas e ideas erróneas, que están muy extendidas en nuestra sociedad occidental.

Necesitamos respirar, comer, dormir…; vivir en unas condiciones físicas que nos permitan nuestra supervivencia, pero no necesitamos que nos quiera alguien en concreto para seguir viviendo; aunque sin duda, si nos quisiera y lo hiciera de la forma que nosotros queremos que lo haga, nos sentiríamos más felices en ese momento; ¡por supuesto que sí!, pero eso no es una necesidad, es un deseo; absolutamente lógico por otra parte, pero no esencial ni determinante para nuestra vida actual, ni para nuestra felicidad futura.

No tenemos por qué tener miedo al dolor, incluso al sufrimiento cuando es inevitable; porque ese dolor y ese sufrimiento serán pasajeros; lo que no podemos pensar es que el amor y el sufrimiento van indefectiblemente unidos. Será normal que en algún momento de nuestra vida amorosa sintamos dolor, y nos prepararemos para superarlo y vivirlo con naturalidad y madurez; no con el sentimiento trágico que ha llevado a muchas personas a pensar que /el sufrimiento es el “peaje” del amor./

La vida no se termina cuando se termina un amor, por mucho que creamos que es el amor de nuestra vida; la vida se termina cuando nos negamos a sentir, a ver, a oír, a palpar, a escuchar…, a razonar; cuando nos negamos a controlar nuestros pensamientos y nos forzamos a no creer en nosotros mismos.

La vida llega realmente después de ese amor-desamor, pues esa experiencia nos ha permitido aprender a vivir, a conocernos mejor, a protegernos adecuadamente, a ser más racionales, más generosos, más humanos; después del desencanto del amor del otro, nos queda el reencuentro con nosotros mismos, con el amor que llevamos dentro, con esa parte maravillosa que nos hará volvernos a sentir, y nos permitirá abrir las puertas a un amor más auténtico, más maduro, pero no menos intenso ni menos real; nos permitirá abrir las puertas “al amor de verdad”.

El amor no es sinónimo de felicidad y sufrimiento; el amor es la mejor oportunidad para aprender a vivir nuestra vida; para integrar nuestras experiencias, para mejorar nuestros sentimientos, para crecer como personas.

La vida no se termina cuando acaba un amor; el amor da vida a la vida, ¡no reneguemos del amor, pero no suframos inútilmente en su nombre!”

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